domingo, 24 de octubre de 2010

Vocabulario y ventas cruzadas

Recién acabada mi lectura del Premio Nadal de 1944, Nada de Carmen Laforet, me doy cuenta de algo que el otro día comentaba una entrevistada de Iñaki Gabilondo en su programa Hoy, que es una reflexión totalmente cierta: el empobrecimiento de nuestro vocabulario.
Las sutilezas del lenguaje, la grandeza de sus palabras, esos adjetivos que te transportan a un espacio en el tiempo triste, desgarrador muchas veces, que generan sentimientos, ilusiones, expectativas... todo esto lo hacen las palabras.
Hoy en día lo resumimos todo a pocas palabras, utilizamos los mismos adjetivos, palabras insulsas, expresiones miméticas, sin hablar de la de tacos que soltamos por frase (algunos).
Recientemente, estuve en una charla impartida por una farmacéutica que trabaja en una consultoría de farmacia y que está especializada en ventas cruzadas. Comentaba que los argumentos de venta suelen ser siempre los mismos, este es el mejor, va muy bien, yo misma lo uso. sin más, sin entrar en detalle de que esta crema lleva vitamina C y proteínas de soja o si la textura evanescente es debida a una fase externa de silicona.
¿Cuántos argumentan sus ventas? ¿Cuántos creen que argumentar las ventas no lleva a nada, que la gente no quiere rollos? ¿Cuántos creen al contrario que el ofrecer conocimiento técnico es beneficioso para el usuario, que está más informado y para Ud. que mejora su imagen porque demuestra que sabe lo que vende?
Reflexionemos ante esto. Observen a sus compañeros de equipo cómo defienden su labor. Verán que pocos le ponen un gran diálogo o le añaden esas chispas de conocimiento. La parafarmacia parece ser ese amigo feo que hemos tenido que incorporar al grupo para poder mantener nuestra profesión. Sin embargo, no es así. O al menos yo así no lo veo. ¿Quién mejor que aconsejar a un paciente con atopia un producto para esa patología? ¿Quién recomendará mejor un colutorio para gingivitis? ¿Un estante con muy buena presencia o alguien formado? Las ventas cruzadas no están para vender más, si no para ofrecer un mejor servicio al paciente.
Que se lo digan a la paciente que sufre de Candidas recurrentemente porque no usa un jabón adecuado que le ha dañado la flora...
Disfruten con sus profesión, recomienden a sus pacientes y verán que se sienten doblemente satisfechos, por ayudarles a ellos y ayudar al colectivo.
Argumenten sus recomendaciones y no duden en escatimar recursos de vocabulario, porque llega un momento, en que uno no se cree que haya probado absolutamente todas las cremas de la marca X, porque o se las pone todas de golpe, o a cada centímetro de su piel, le aplica un producto distinto.
Escuchen, hablen, comuniquen, interaccionen con sus clientes y pacientes. Ya verán qué bien les irá.

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